Espacio de Relax

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Habitad de los duendes

martes, 8 de febrero de 2011

Brizna de la tarde


Y ahí llueve y llueve, mientras le decimos al tiempo que se detenga para vislumbrar aquella gota que al contacto con el suelo crea una imagen que sólo se compara con el espacio entre el sueño y la soledad. Suena una campanada y se escucha el aleteo de las aves en la agonía de la ciudad que se anima a andar y a detenerse de momentos para recobrar fuerzas y seguir con pasos alegres y lúgubres un camino incierto que se dibuja en la mirada de los que avanzan a la espera de un incierto futuro.

Mientras eso sucede, tu mano roza  la mía y con ceguera social nos entregamos a lo que sentimos y nos deleitamos con el aroma de nuestros cuerpos a sentir nuestra piel, a susurrar palabras que pocas veces sentimos, pero que el corazón anuncia cuando las caricias se desbordan, miradas, caricias, besos y gritos agónicos en unión de nuestros cuerpos, el vaivén de tu cintura y el seguir de mi cuerpo al ritmo de tus gemidos, y ahí, justamente ahí cuando los cuerpos ya no sostienen tantas emociones y se desbordan como lava de volcán. Regresamos a nuestro punto de partida y nos sonrojamos con las miradas de los que a nuestro alrededor estaban y con nuestra ceguera de placer no logramos percibir.

Ahora, aquí en la plaza de mi ciudad queda el aroma de lo que nuestros cuerpos lograron expresar…

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Mirada del olvido

La distancia es el olvido de lo que un día fuimos

La tristeza es el aire que mueve mis pasos

Sólo el deseo de tenerte a mi lado es lo que alimenta mis ansias

Y me hace partícipe de esta mentira llamada vida

La fuerza que conservo la dejo plagada en cada línea que te dedico

Aun recuerdo como fuiste desterrada ¡OH Ángel Mío! De la luz eterna

Sentado estoy a la espera de tu llamada, para así morar contigo al píe de la montaña del pecado.

Repetida Eutanasia

La demencia se apoderó de mi vida

Ahora soy su marioneta

Horrendas muecas posa en mis rostro

Y me disfraza con los peores harapos

Una hora al día me deja solo

Y me entrega a la lucidez, pero

¡Maldita sea! Es siempre tarde

Y me encuentro solo, rodeado de nada

Aprovecho ese efímero instante

Para plagar mis pensamientos y vivencias

En hojas de papel

Cuando siento la libertad a plenitud,

La desgraciada se apodera nuevamente de mi sombrío cuerpo

Una lucha constante de poder

Se crea en mi mente y por más que luche, estoy vencido

Sólo una hora al día soy dueño de mis pensamientos, de mi vida, de mi lucidez...

De mi miseria.