Espacio de Relax

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Habitad de los duendes

martes, 12 de abril de 2011

Andante sin Camino

Y ahí, bajo las sombras emitidas por el sol, camina sin destino, con su cabeza gacha, su mirada taciturna y sus vagantes pensamientos, evocando la lejanía de sus recuerdos y la añoranza de unas caricias que un día fueron emitidas y sin pensarlo se diluyeron con la anomalía de unos febriles besos. Se oía el goteo del agua que golpeaba un tinajero, mientras la luz de la vela descendía y el respirar aumentaba con una suave mirada, un suave olor a canela fue transpirado suavemente y mezclado con el sudor que se mezclaban con la unión de los cuerpos. Las miradas se encontraron y en los ojos de los amantes como proyectados por una película se podía observar imágenes que iban más allá de la realidad que ellos mismos percibían... Un duende sonreía y en su mano derecha llevaba algo parecido a una flecha que a su vez representaba la fuerza que es ejercida entre mente y corazón. Un vaivén de emociones cubrían los cuerpos y las respiraciones encontradas semejaban el roce del viento con las palmeras. Ahí, justamente en ese instante, ella dio su último suspiro y su alma fue desprendida de su senil cuerpo; y con la unión que sus cuerpos y almas poseían, en ese momento el alma que había sido desprendida se llevó consigo parte de la del amante que hoy deambula en las calles de mi ciudad a  la espera de su muerte o a la espera del duende que aquel fatídico día llegó a buscar lo que le pertenecía.

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Mirada del olvido

La distancia es el olvido de lo que un día fuimos

La tristeza es el aire que mueve mis pasos

Sólo el deseo de tenerte a mi lado es lo que alimenta mis ansias

Y me hace partícipe de esta mentira llamada vida

La fuerza que conservo la dejo plagada en cada línea que te dedico

Aun recuerdo como fuiste desterrada ¡OH Ángel Mío! De la luz eterna

Sentado estoy a la espera de tu llamada, para así morar contigo al píe de la montaña del pecado.

Repetida Eutanasia

La demencia se apoderó de mi vida

Ahora soy su marioneta

Horrendas muecas posa en mis rostro

Y me disfraza con los peores harapos

Una hora al día me deja solo

Y me entrega a la lucidez, pero

¡Maldita sea! Es siempre tarde

Y me encuentro solo, rodeado de nada

Aprovecho ese efímero instante

Para plagar mis pensamientos y vivencias

En hojas de papel

Cuando siento la libertad a plenitud,

La desgraciada se apodera nuevamente de mi sombrío cuerpo

Una lucha constante de poder

Se crea en mi mente y por más que luche, estoy vencido

Sólo una hora al día soy dueño de mis pensamientos, de mi vida, de mi lucidez...

De mi miseria.